La asociación del desnudo al prejuicio.

Dicen las encuestas que las mujeres empiezan a pasar de un gesto que un día fue tan simbólico y que las que exhiben sus cuerpos en la arena son cada vez menos. El 17% de los españoles admite haber hecho nudismo alguna vez y el 42% de las mujeres ha hecho topless. La cifra está muy por encima del 20% de media mundial, pero va en descenso, especialmente entre las más jóvenes (y lo han notado sobre todo en Francia, cuna de ese pequeño gran paso hacia la liberté y la égalité). 

Pero en torno al desnudo no está todo dicho. ¿Realmente estamos tan liberados? «Algo se ha normalizado: a nadie le sorprende ya ver a una persona mostrando su cuerpo en la playa, pero el tabú en torno al desnudo no ha desaparecido ni mucho menos. De hecho, las zonas nudistas siguen estando separadas de aquellas otras en la que la gente va con traje de baño. El cuerpo nunca deja indiferente, sigue despertando reacciones machistas por parte de hombres y mujeres y siguen existiendo muchas inhibiciones», asegura la psicóloga «Miren Larrazabal».

Los prejuicios aún existen y el primero viene impuesto por la tiranía estética. «La preocupación por el físico y la insatisfacción corporal son cada vez más elevadas, llegando a afectar al 80% de las mujeres», asegura Rosa María Raich, catedrática de Intervención Psicológica de la Universitat Autònoma de Barcelona. Según los datos que maneja esta investigadora, que acumula 30 años de estudios sobre imagen corporal, autoestima y prevención de trastornos alimentarios, recibimos cientos de imágenes diarias de mujeres perfectas e irreales. «Nuestra sociedad ejerce una enorme presión sobre las mujeres (y cada vez más, también sobre los hombres) para que persigan un cuerpo no solo delgado, sino perfecto: poca cintura, pecho generoso, abundante cabello, buena piel…». El resultado es una insatisfacción casi pandémica.

El 25% de nuestra autoestima, asegura la psicóloga, depende del físico. Tanta importancia le damos, y tan elevada es la exigencia, que pone en riesgo nuestra salud, nuestras relaciones sociales y nos hace desdichados. Lejos de desaparecer, el tabú se redirige a otra dirección. «Parece que solo pueden mostrar el cuerpo las personas jóvenes que se ciñen a unos cánones de belleza cada vez más exigentes denuncia Larrazabal; quienes no cumplen con esos requisitos provocan rechazo y son estigmatizados si se atreven a lucirlo. «¡Anda que está esa como para enseñar nada!» «¡No le dará vergüenza mostrar esos pechos a su edad!». Esos comentarios revelan comportamientos muy negativos hacia los cuerpos con sobrepeso, maduros y no digamos ya en la vejez».

Todos esos prejuicios que han ido llegando desde los medios de comunicación principalmente hacen que no se entienda el nudismo como tal «Simplemente querer vivir desnud@s» y ha pasado a un nivel estético a quien puede y quien no puede estar desnudo, como si de un casting se tratara o hubiera que reservar el derecho de admisión. Para los verdaderos nudistas y naturistas, esa concepción no solo es una aberración sino que no la distinguen porque directamente no entra en su pensamiento. «Un cuerpo desnudo es un cuerpo desnudo, sin más connotación.»

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